
A Julián.
No hay modo de entenderlo
sin rastrear las cicatrices en la boca
de tantos torturados en la fiebre
del caníbal que nos mastica.
dagas lunares
violan la sangre ebria
de los insanos
The speed of pain
Justo ahí.
Donde estallan las neuronas su implosión cicatrizada de sodio.
Donde habita el dolor nodal su condensada tripa blanca.
Justo ahí.
Espacio de sinapsis eléctrica, redondo y puro de cualquier calidez que mitigue.
Vertiginoso en su orgánica desnaturalización salina.
Justo ahí.
La matriz del dolor,
muerde su dentadura sincrónica.
Y abriendo ojos de porcelana te crecen largas pestañas.
Crispadas las terminales nerviosas,
apretada hasta la asfixia,
respirada hasta la asfixia.
Brutalmente vaciada.
La veloz mancha del dolor
trepa como mil arañas tu columna
y baja, mil veces más.
Está ese asunto de la belleza
en un muerto y sus motivos
siempre rondando, asechando
justificándolo, humanizándolo, llevándoselo…
tristezas mías
van de tu mano al mar
cada enero
Teoría de los dos narcisos
¿Qué fue de la otra mitad, del segundo Narciso,
el branquial, el que enamoraba desde las aguas?
¿Envejeció amando a su hermano ahogado
o besó su cadáver y le cerró los ojos y olvidó?
¿Salió del mundo de aguas
enloquecido de dolor,
a morir asfixiado
buscando belleza?
Nos reunimos en torno al difunto
tristes y precarios…
nada anuncia
tu calma alegría
y hoy me dejas
Siempre se muere
La escarcha se adhiere a la suela con su frío
cristal crepitante.
Así las supersticiones de encaje se desprenden
de los pasos residuales de la muerte
Adelgazado por esa muerte algo barroca.
Alivianado, diríamos.
Miro al mundo desde una glorieta
de impunidad saludable.
Al fin, siempre es el cielo el que roba la noche.
Nosotros somos nubes derivadas
de un soñador empedernido.
Y Otro siempre es el que se va.
no importa cuantas veces.
Anodinos niños aburridos
nos dejamos llevar
por pura y sentida fidelidad.
Impedir una tristeza.
Me está quebrando la espalda.
no pido más que
salir un día de mi
cárcel de nieblas
Karma
Adivino en ciertos rostros las herencias,
de las diversas edades de las almas.
Lo mismo no me ocurre con la rosa,
eterna fragilidad que siempre asombra.
Me inquieta que vuelva en esa rosa,
el cautivo, antes rey, quizás guerrero.
Pero las cíclicas costumbres del misterio,
labran sus designios en el tiempo.
Si esto es cierto,
nos salva del destino su secreto,
y la ilusión, el don de la palabra.
Así el mar esconde entre su espuma,
el preciso oriente que veremos.
Esto quise creer
aquel brutal instante
de tu adiós.
Y hoy creo.
Busco entre las rosas una,
que mi pobre entendimiento no devela.
Mañana será.
En eso creo.
No hay verdad ni mentira
Todas las palabras son iguales
desde la guerra.
tengo mi arma,
lista y ajustada,
para el odio.
Irak
Hoy salgo caminando alto y derecho,
por la vereda incendiada del barrio
que va muriendo.
Soy rey de ruinas
Solo dame un tiempo
para reconocerlo todo
aunque eso
no haga diferencias.
Es que siempre tuve
un gran corazón idiota
que se ríe solo
en la lluvia y las mañana
Soy un tremendo cross
a la mandíbula de una muñeca rota.
Y llego hasta las flores amarillas
que palpitan en mis ojos táctiles
mientras sueltan el polen.
El néctar para mi lengua filosa,
que sabe a tardes
de otros fuegos.
Hay un ciego de voz esperanza que esta modelando
al mundo con sus cinceles puros de
cielo incoloro.
el reloj tañe
las doce campanadas
del hombre mortal.
Diario sonoro de un hombre
A las diez de la noche termina este hombre
-el del día de hoy-.
Con el desgano acumulado por las horas
de frases sin vestigios de sentido.
Queda un intuitivo cuchicheo agudo,
secundado de cantinelas de
graves ociosos y distantes.
Escucha la t.v. reverberada de vino.
Se arrodilla, se quiebra (así dicen ahora)
en euforias mudas y burbujeantes.
Le nacen órganos tibios y nuevos.
entre un murmullo acuático y fetal
Se olvida en una cama.
Mañana,
siempre hasta las diez,
le espera la radio distorsionada del taxi
la constancia del mundo mecánico
La profusa jaula de locas,
Mundo inyectado en el embudo
de sus oídos plásticos.
A sus ojos grises puebla un parque verde
absolutamente virgen, apenas tocado de brisa..
Los corales definitivos están en el ojo del dios,
lejos de mi atónita vigencia convaleciente
de aguas que labran las horas como a un
mármol riguroso y ficticio.
mi gato mira
mi corazón mientras yo
miro la lluvia
Un día con los ecologistas
Hoy he querido ser un crudo mono,
mancharme con sangres que no sequen,
embotarme de visiones turbias,
arroparme con poleras amarillas,
seguirme sin perderme rastros,
saltarme en zancos de ramas secas,
envidiarme como a un tonto.
Enviciarme.
Dejarme llevar por los impulsos.
Vomitar todas las cábalas.
Resarcirme, devolver mi domesticación.
Entregar mis estrellas de plata.
Perder una guerra.
Sabotear un barco en ultramar.
Cincelarme ojos gatunos.
Afilarme los pómulos.
Conversar con una mantis.
Alterar supermercados.
Dormir siestas verdes.
Detonar falsas alarmas .
Tomar baños de litio.
Y sacarme las sales del cuerpo.
Pellizcarme como las niñas malas.
Aprender todos los trucos y engaños
para usarlos en mi contra.
Desandarme por otros lados
hasta
Sentir un árbol.
Ajustada a las maneras más elementales.
despojada de todo lo vano;
recorre distancias sorprendentes
que me aterran…
nadie lo sabe
Recorro mi tristeza
mientras sonrío
Tour de force
Herrumbres de una tristeza abandonada
laten
en vírgenes vergeles
recortados por sombras inválidas.
La cosecha sedentaria.
La mano de seda de Alejandra.
La tristeza más profunda
palpita sigilosa
Los delicadísimos labios
susurran
palabras asustadas
palabras al filo
de su sinsentido.
Y yo que te recorro
como un amante de tantos, olvidado
me quedo con tus fetiches muertos.
La sed es como la fiebre.
Crea densidades en la materia
de tantas otras moradas
habitadas por faldas de niñas
solas de madres solas
Les canta el universo real
ese que nunca paso de intuir.
Mi torpeza de hombre.
Viajes de otros viajes de regresos
de distintos calendarios de diversos signos
endulzan el café por de mañanas
En blanco y negro.
canta tu canción
las estrellas esperan
danzar para ti
Despertar.
Hay que despertar
Lavar los restos narcóticos de efluvios lunares.
Salirse del mar de magnolias y adormideras.
Desprender las pequeñas muertes de la piel.
Hay que despertar.
Salir de impunidades de las sombras,
avisarse,
tomar recaudos.
Correrse del borde de ese precipicio que nos llama
desde el vacío del espejo
y creer el mundo,
y entrar al mundo.
Pararse sobre los zapatos.
Hay que despertar.
Tomar el café, comer las medialunas.
Jugar con las migas, y renunciar a los últimos
vaporosos caprichos de rey.
Hay que despertar.
Dejar el pánico como una minucia más
Dejarlo como la toalla, colgado hasta mañana.
Finalmente, abrir la puerta y salir.
Estar alerta.
Ahora, que otros también han despertado
Cambiamos cortesías, y nos revisamos
como monos atentos.
Secaron los capullos antes de florecer.
Les faltaba deseo.
sueña plegarias
que pierden el sentido,
al despertarse.
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